Algunas mujeres muertas: Mi primer éxito en el FBI

Fue muy sonado y, encima, el caso, años después, trajo mucha cola. Ya te enterarás de esto.

El tema es que hacía ya unos meses que había terminado mi periodo de formación y obtenido el correspondiente diploma de agente especial del FBI. Como también cuento por ahí, lo mío fue una cooptación de la Oficina, no insólita pero sí infrecuente. Casi con seguridad, alguien de Mimi-Dade, con ganas de perderme de vista, tuvo la idea de hablar bien de mí ante los oídos adecuados y estos, por una feliz casualidad, estuvieron receptivos en aquel momento. La consecuencia es que entré en Quantico para una especie de formación personalizada que, aun siendo parecida a lo que yo imagino en intensidad a la de los marines, distaba mucho de la que habían recibido la mayoría de mis compañeros, con los que, sin embargo, me sentí uno más casi desde el primer día.

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En la policía del condado

«Eve y yo nos levantamos aquel sábado más tarde de lo que acostumbramos. Mi entonces esposa se volvió a casar, ahora se apellida Palmer pero no nos despistemos. La víspera, unos amigos nos habían invitado a una fiesta, algunos bebieron más de la cuenta y nos tocó andar repartiendo borrachos por distintos rincones de Miami. No he terminado mi sempiterno café con leche y recibo una llamada de la central: una joven ha aparecido cosida a puñaladas. Parece que una llamada anónima alertó sobre unos gritos ¡bastante rato después de haberlos dejado de escuchar! Los compañeros de calle se acercaron a echar un vistazo, y se toparon con el cuerpo inánime de una joven en una de las largas y desiertas avenidas de Coral Gabel. La Científica ya estaba allí pero había que acudir a ver el escenario del crimen.

–¡Que con el buen día que se ha levantado nos hagan trabajar en sábado! Estos asesinos no tienen corazón.

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