Capítulo 1

Miro y no veo más que caras de dolor. Hace cuatro días encontraron a Sussan asesinada con un tiro en la sien que algún torpe pretendió disfrazar de suicidio.

Me he colocado estratégicamente en un lugar algo elevado del camposanto, al final, con la esperanza de encontrar al asesino.

Jamás dejo un caso sin resolver, más si se trata de la hermana de Rosana, colega del FBI.

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Capítulo 2

Cuatro días atrás el teléfono me había sacado de mi letargo. Descansaba recién llegado de un largo viaje por tres ciudades en las que me había reunido con colegas. Buscábamos a un asesino que o tomaba muchos aviones o conducía un veloz coche por todo el país.

Aunque ya no eran horas de seguir trabajando, no imaginaba que aquella llamada pudiera responder a cuestiones de otra índole. Lo dejé sonar. Pasó un buen rato hasta que la sonora insistencia me hizo entender que podía tratarse de algo grave. Abandoné mi querido sillón y descolgué.

–Josep, dios mío, por fin.

–Rom, ¿qué pasa? ¿Estás bien? Me alarmó su tono. Rom, compañero en el FBI, es un calmado, educado y, sagaz analista que no llamaría a nadie pasada la medianoche sin un buen motivo.

–Yo sí, yo sí. Pero ha pasado algo grave. Muy gordo, Josep.

–Cálmate, Rom, hombre. ¿Qué pasa?

–Han asesinado a Sussan.

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